lunes, 16 de septiembre de 2013

En el Monumento a la Revolución reorganiza ya la CNTE su lucha

Aflora la solidaridad con los profes en forma de alimentos, fármacos, cobijas y zapatos

 


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Centenares de profesores de la sección 22 de Oaxaca, en el campamento instalado ayer en el Monumento a la RevoluciónFoto Francisco Olvera
Laura Poy y Arturo Jiménez
Periódico La Jornada
Domingo 15 de septiembre de 2013, p. 3
En el primer día de la resistencia magisterial fuera del Zócalo capitalino, cientos de profesores de la CNTE se reorganizaron en el Monumento a la Revolución para instalar un nuevo campamento.
Esta vez no lo hicieron solos. Tras la entrada de miles de policías federales a la explanada de la Plaza de la Constitución, la ayuda comenzó a llegar.
Profesores jubilados y en activo, vecinos, académicos de universidades públicas, amas de casa, pensionados, estudiantes y transeúntes acudieron a la Plaza de la República para donar alimentos, medicinas, lonas, cobijas, ropa e incluso calzado.
Familias como los López, quienes se trasladaron desde Ecatepec, estado de México, para donar dos cartones de huevo, 500 bolillos y tres cajas de galletas, aseguraron que el desalojo “nos dio impotencia, desesperación de no poder hacer nada. Son nuestros profes, y no se vale que los saquen así”.
Al pie del monumento también acudió doña Socorro, madre de dos maestras, quien decidió donar lo ahorrado para la fiesta de este 15 de septiembre. Estudiantes de ciencias políticas de la UNAM compraron dos anafres y una colcha.
Pero fueron decenas de personas quienes acudieron con alimentos, ropa, agua, cajas de cartón, artículos de limpieza, pedazos de plástico, e incluso cartulinas, plumones y papel, para apoyar a los mentores, cuyo campamento creció a lo largo del día.
Bajo una intensa lluvia que no dio tregua a los maestros, algunos colgaron de postes y farolas improvisados techos de plásticos que al ser insuficientes daban apenas cobijo a decenas de mentores que se apiñaban debajo.
Muchos de los mentores llegados a la Plaza de la República traían sólo lo puesto. La mayoría perdió todo: ropa, zapatos, casas de campaña, lonas, dinero, comida, y hasta el anafre.
Aquilina Procopio Luna, maestra de prescolar en la comunidad de Santiago Atitlán, en la región de la sierra oaxaqueña, lamenta: Lo dejamos todo. La forma en que entraron sí da miedo, y no hubo tiempo de nada. Perdimos ropa, zapatos, lo que nos donaron de despensa, nuestro carbón y hasta los trastos para comer.
Formada frente a una carpa de la que cuelga un rótulo de cartón en que se lee cobijas, afirma que el desalojo del Zócalo capitalino no fue limpio. Los policías arremetieron contra todo, lo que no destruyeron lo tiraron a la basura.
Junto a ella, Amalia Martínez, docente de primaria de esa comunidad, reconoce que gracias al apoyo de mucha gente seguimos aquí. Como pudimos pasamos la noche arrinconados, resguardados en las entradas de edificios, o donde se pudo.
El poco de dinero que teníamos, asegura, ya lo gastamos, y es que quedarse sin nada es una sensación muy fea, de desesperación, te da mucha tristeza.
El acopio de ropa y víveres reunió a decenas de maestros que participaron en la distribución por sector y región. Improvisaron mesas para entregar alimentos enlatados, ropa, calzado y artículos de limpieza, pero la mayor demanda era por cobijas, plásticos, lonas y cartón.
A unos metros de la explanada central del Monumento a la Revolución, bajo una lona roja de la que cuelga un letrero que indica región Costa, Pinotepa Nacional, la maestra Gloria dobla cuidadosamente un trozo de plástico azul que le servirá de colchón.
Advierte que si el presidente Enrique Peña Nieto ya olvidó que fue un maestro quien le enseñó a leer y escribir, muchos de quienes nos están apoyando no lo han hecho, y por ellos no podemos darnos por vencidos.

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